17.11.2007
Pese al verde de sus fondos de valle, la exuberante vegetación de sus masas forestales y el espectáculo de contrastes cromáticos que estaciones como la primavera o el otoño proporcionan a nuestra tierra, nunca he podido desvincular Vadinia de la imagen del lejano oeste transmitida por cientos de películas y series como Bonanza.
A pesar de lo antagónico que pueda resultar a primera vista esta compración es difícil abstraerse del paisaje de escobas y piornos, zarzas y espinos, las solanas peladas de hierbajos mustios y ese terral aspecto que dan la cayuela y los suelos arcillosos a taludes y hondonadas.

La caliza de nuestras peñas y la semi-desértica vida que albergan sus escarpadas paredes, teñidas de ocre en las primeras y últimas horas del día, evocan lejanas escenas del cañón del colorado, con cowboys locales que en vez de montar a caballo y vestir ampulosos sombreros, gastan vara de avellano, madreñas y esa especie de gorra de chulapo madrileño.
Nunca se rodó un espaguetti western en estas montañas pero sí que alguna película con sabor a indios y vaqueros encontró en estos parajes unos exteriores idóneos. Orgullo del año 55 -creo recordar- y alguna otra producción nacional. (Un Hombre va por el camino, Cuerda de Presos) Lo dicho, el no tan lejano Oeste en nuetra querida Vadinia. Reminiscencias del pasado.
Vale.
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